Ingrid Cruz nació el 1 de julio de 1975. Ingrid es hija de padres separados desde que tiene uso de razón. “Nunca tuve una familia clásica, jamás conté con la figura paterna”, comenta. Ella fue “el concho” de un grupo familiar formado por la madre y dos hermanos mayores, producto del matrimonio anterior de su mamá. Un hombre que hoy tiene 41 y una mujer 40, que fueron y siguen siendo sus grandes cómplices. Su papá biológico, muy respetado en la región, también le regaló medios hermanos de otra relación, a los que prácticamente no conoce. “Uno de ellos es psiquiatra y en una oportunidad en que tuve que ir a su casa, me topé con su hija. Una niñita igual a mí. Me quedé para adentro, porque era como verme a mí misma, veinte años antes”.
Ingrid nació y se crió en Antofagasta “una ciudad con vista al mar, que se estira de norte a sur, pegada al océano. En el norte, están los pobres; en la mitad, la clase media, y en el sur, los condominios y las tremendas casa de los ricos. Mi papá, don Norman, un notario y conservador de bienes raíces de la ciudad, tenía ahí la suya, y yo vivía en el medio, con mi mamá secretaria. Él me pagó una estupenda educación, de eso no puedo quejarme, pero yo vivía rodeada de gente de la zona sur, mientras salía de mi casa del centro”
Claramente, sus celebrados ojos son herencia paterna. “Don Norman Cruz era un robusto, muy rosado de piel, con tremendos ojos claros. Un gran lector del Quijote y un Quijote él mismo. De ideales izquierdistas, lo más opuesto a mi mamá, que siempre ha sido conservadora, de derecha, y muy españolada de look”.

Su padre se fue de Chile en 1986, hastiado con el régimen de Pinochet. Tres años después, tras sufrir un terrible accidente en Ecuador, “quiso volver a morir a Chile”.
“Yo no lo reconocí. El tipo maceteado que yo recordaba era un flaco chupado. Este no es mi papá, recuerdo que pensé. Pero mi mamá lo llevó a la casa y lo cuidó durante un par de años. Así fue como a los 15, en vez de enfrentarme a la típica crisis de los padres que se separan, me vi frente a la de los papás que se juntan”. Cuando estaba de tres meses de embarazo le avisaron que su padre había muerto. “Fue fuerte sentir el ya pasó. ¿Esa fue toda mi historia? Lloré, dolió, me removí entera. Me acordé de mi infancia, de lo bueno, y decidí que con eso me tenía que quedar. Tampoco podía deprimirme, porque aprendes que hay alguien superior a uno, que en este caso es mi hija. También sentí que era bueno que se cerrara esta historia, antes de que ella naciera. La vida es muy sabia, se cerró un ciclo y partió otro”.
De una salud mental a toda prueba, por la extraña situación familiar, Ingrid superó el curioso y breve reencuentro de sus padres, porque después de dos años viviendo juntos, don Norman volvió a desaparecer. Esta vez para siempre. Ingrid, por su parte, se había vuelto definitivamente rebelde. Cuenta que más que poco inteligente, tenía poco interés por el estudio. Iba a clases con el walkman puesto (“Escuchaba a Guns ‘N Roses; era una chica metalera”), se sentaba en la última fila y se sacaba notas más o menos. Incluso repitió tercero medio. Pero desde los 13 años, cuando con todo su curso del colegio Santa María asistió a una presentación del grupo La Troppa en Antofagasta, supo que eso era a lo que quería dedicar su vida. “Vi la obra Pinocchio y rayé”, esto sirvió para descubrir su vocación y decidir estudiar teatro.

A los 18 años, saltándose todas las aprensiones de su mamá, Ingrid viajó a Santiago decidida a estudiar teatro, siente que recién empezó a ser ella misma: “Estudiar teatro fue una catarsis que me permitió botar todo lo que tenía por dentro. Cuando chica yo no era capaz de entender. Culpaba a mi madre, a mi padre, a mí misma, por no tener una familia como las demás. Recién en Santiago, empecé a comprender que la culpa no era de nadie y que tenía que asumir que mi historia era así: rara, freak, pero era la mía.
No fue fácil ese primer año de “Carmela del norte en la capital”. No estaba estudiando donde soñaba –la famosa Academia de Fernando González–, el curso de modelaje en que se había inscrito no la llenaba y vivía subiéndose a la micro equivocada y perdiéndose en una ciudad donde casi no conocía a nadie. Así es que, en junio, un episodio terminó de decidirla y regresó a Antofagasta. “Vivía en u

na pensión en Vicuña Maqueña cerca de Plaza Italia, donde pagaba por una pieza con dos camas. Una noche la dueña me dijo que como todo estaba lleno, una pasajera dormiría en mi pieza. Era una prostituta. Pasé toda la noche, entre fascinada y aterrorizada”.
Ni siquiera le contó a la conservadora doña Alicia esta última anécdota. “Para mi mamá fue muy duro asumir que su conchito se iba a estudiar una carrera súper incierta a una ciudad que para ella y para la mayoría de la gente de provincia es como Sodoma y Gomorra”, dice Ingrid, quien regresó con el propósito de prepararse para postular en marzo a la academia de sus sueños. Y lo hizo con la ayuda de la gente de la compañía de teatro de Antofagasta. Se emociona y emociona Ingrid con esos recuerdos, tal como transmite los nervios de una semana de pruebas de admisión en la Academia de Fernando González. Eran más de 200 postulantes para sólo 21 vacantes, y su mamá lo sabía. “Ella me dijo que estaba dispuesta a ayudarme sólo si quedaba ahí. En caso contrario, tenía que volver al norte y estudiar la carrera que ella me eligiera. Todavía recuerdo cuando supe que había sido aceptada. Salí a la calle y ella me estaba esperando con los pasajes de avión en la mano. Y yo levanté los brazos y grité: Quedé, mamá, quedé”.
Recién al tercero de cuatro años a Ingrid le comenzó a ir bien en la Academia. A superar las malas notas y

a creerse el cuento por el que tanto había luchado: Ser actriz. Ya no se perdía en Santiago, tenía amigos y había superado la prueba de actuar en público. Cuando todo parecía viento en popa, su mamá le dijo que no le podía seguir pagando la carrera y que se consiguiera un trabajo. Astuta, Ingrid decidió que aprovecharía el verano siguiente de 1997 para ganarse el millón y medio que ofrecía el concurso Miss Antofagasta.
“Es un concurso bien popular, al que se presentan chicas bien tipo nortino, así es que yo pensé que podía ganar. Pero justo ese año había unas tremendas minas. Y yo, que me metí por una cuestión económica, la noche final estaba obsesionada con ganar. Veía el balneario a la orilla de la playa, lleno, con unas 4 mil personas y me repetía: Tengo que ganar, tengo que ganar”.
Y lo logró. Aún conserva la corona y la banda con la que volvió a la

Academia en marzo a desfilarle a sus compañeros y a celebrar con ellos que tenía la plata para pagar su último año de carrera.
Apenas terminó la carrera en 1998, Ingrid (con 22 años) decidió presentarse en distintos castings y
quedó seleccionada en las áreas dramáticas de Canal
13 y del TVN, una vertiente del trabajo actoral bien remunerada que empezó a tranquilizar a su madre. La flamante actriz debió optar por ser la monja Doris de la teleserie Borrón y cuenta nueva (que finalmente encarnó Sigrid Alegría en TVN) o la villana de
de Sofía Carrasco de Marparaíso, eligió a la antagonista de Sofía una sabia decisión porque la esa teleserie triunfo y fue un verdadero trampolín de su debutante carrera.
Luego al año siguiente en 1999 participo Cerro A

legre donde interpreto el personaje de Karina Astudillo, "era una chica buena, pero cool" comenta la misma
Ingrid
Pero eso no es todo lo que ha hecho Ingrid en televisión. Ella también participó en Sin Mochila de Canal 13 en el año 2000, el programa solo duro dos semanas al aire: "Es casi un programa de culto, pero no me arrepiento, lo pasé muy bien con Karla Constant, nos reímos mucho", también fue panelista en el programa Pantalla Abierta.
Cuando se iniciaba la crisis en el Área Dramática en el Canal 13 por los malos resultados de sus producciones Ingrid participo en la teleserie Corazón Pirata en el año 2001, interpretando el personaje de Cynthia Cáceres.

El año 2002
no estuvo en televisión y de dedico mas bien al teatro, una de las obras en que trabajo fue "La princesa y sus tres monstruitos" una obra de corte infantil.
La gran consolidación a su trabajo vino en el año 2003 en la exitosa teleserie Machos donde interpreto a Maria Belén Cruchaga “Belén, una idiota, light y cuica”, a la que en un primer momento considere detestable”. La caracterización de este personaje fue difícil comenta: “Uno está llena de prejuicios. Y piensa que esas minas son unas estúpidas, pero como me costaba dar con ella sin caricaturizarla, partí al Skuba, a Reñaca, a buscar referentes. Después vi “Legalmente rubia” y descubrí que cada uno tiene sus motivos para ser como es. Belén me permitió aceptar mi parte light y dejar de ser tan densa y ciática. Ahora me cuido las uñas, me preocupo del pelo y estoy mucho mejor. Gracias a ella, aprendí a regalonearme”. Incluso este personaje dejo un pequeño legado, aún se escucha en el vocabulario de algunas jóvenes cuando se refieren a una amiga como la "amigui".
Ese mismo año participó en el cine en la película “El Nominado” del año 2003, donde tuvo un pequeño papel.
En el año 2004 participó en la teleserie Hippie interpretando al personaje de Catalina Villalobos una estudiante de derecho, también fue un personaje importante para Ingrid, pues ahí interpretó a una mujer muy liberal. Incluso, se desnudó: "Fue fuerte hacer esa escena... Fue intenso y nervioso" comenta Ingrid.
Para muchos el personaje mas recordado y don

de llego la consagración definitiva en las teleseries para Ingrid Cruz fue en la exitosa teleserie Brujas en el año 2005 donde interpreto a
una de las 5 “angeles” a la correcta Gretel Schmidt, una muchacha de Frutillar que ha tenido "mala pata" en el amor. "Ella es una dama en la mesa y una mujer muy resuelta en la cama", comentó Ingrid sobre su personaje.
En el año 2006 participo en la teleserie Descarado donde interpreto esta vez a una bailarina centroamericana llamada
Carolyne Martínez , un personaje donde la actriz tuvo que estar en intensivas clases de baile, y donde la frase del “chico misterio” es recordada aun.
Este 2007 ha sido un estupendo año para Ingrid, en octubre del año pasado después de participar en Descarado, durante las grabaciones del Sitcom de los “Sa Sa” supo que estaba embarazada de su actual pareja Leo Scheinffelt. Con esta noticia Ingrid
decidió no participar en Papi Ricky y

dedicarse completamente a su embarazo, reconoce que le costó dejar de trabajar: “Soy actriz por esencia, necesito actuar. Estar seis meses sin hacerlo y viendo a tus amigos que están en la pantalla te da una pena tan grande” Ingrid siempre pensó que su hijo iba a ser hombre, hasta que el 28 de diciembre del año pasado le dijeron que iba a ser mujer. “Ese fue el primer día que lloré a mares, de sentir que era real, como la primera vez que se movió, todo es muy extraño”.
Y el esperado día llego el 14 de mayo en un frió día otoñal nació su pr

imera hija llamada Emilia, dicen que saco los ojos de la madre
Actualmente se encuentra preparando su papel en la teleserie Lola del segundo semestre de Canal 13, aun no se conoce el nombre de su personaje, pero sin duda que este será su triunfal
y esperado regreso a las pantallas de una de las actrices mas valoradas del Canal 13 donde a estado 9 años en esta estación televisiva
También para en este año durante el verano fue parte de uno de los capítulos de la serie de la historia de Chile llamada Héroes donde participo en el capitulo dedicado a Manuel Balmaceda, el personaje que hizo es Agustina la esposa argentina de este ex presidente.